Reyal Urbis presenta el segundo mayor concurso de la historia del ladrillo

– El grupo inmobiliario no ha logrado refinanciar su deuda de más de 3.600 millones

– Entre sus acreedores está el banco malo, el ICO, Hacienda y la mayoría de bancos

– El detonante fue un embargo de cuatro millones y la necesidad inminente de liquidez

– La CNMV suspende la cotización de la inmobiliaria hasta nuevo aviso

– El fin de los grandes imperios del ladrillo

Cinco años después del estallido de la burbuja inmobiliaria, la crisis sigue haciendo estragos en el sector del ladrillo. Reyal Urbis ha anunciado este martes que presenta concurso voluntario de acreedores tras no haber podido alcanzar un acuerdo para refinanciar su deuda, según ha comunicado la empresa a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). La entrada en suspensión de pagos del grupo es la segunda mayor de la historia empresarial de España, solo superado por la que protagonizó otra inmobiliaria, Martinsa-Fadesa, que alcanzó un acuerdo con la banca para pagar sus 7.200 millones de deuda en un plazo de hasta 10 años.

El endeudamiento financiero neto de la compañía, que ya había presentado preconcurso el pasado 23 de octubre, era a finales del tercer trimestre de 2012 de 3.613 millones de euros. Su primer acreedor es Santander, con una de duda de 530 millones si se suma la de Banesto, aunque el grupo que preside Emilio Botín ha provisionado buena parte de los créditos. A esta cantidad, sin embargo, hay que sumar una porción importante de la deuda de 300 millones que soporta Inveryal, una sociedad patrimonial del presidente de Reyal Urbis, Rafael Santamaría. A continuación se sitúa el banco malo o Sareb, quien tiene 707 millones pendientes de cobro dado que ha asumido los préstamos concedidos a la empresa por parte de las entidades nacionalizadas y recibirá también los préstamos de las que están en vías de ello, las que entran dentro del grupo dos.

La empresa perdió 257 millones en el tercer trimestre de 2012, sus últimos resultados   El listado de acreedores se completa con el fondo Appaloosa, que recientemente compró la deuda de 406 millones que tenía Barclays, el Banco Popular, FMS, Caixa Geral, EuroHypo, RBS y BBVA. Además, Reyal Urbis adeuda unos 400 millones de euros a la Agencia Tributaria y otros 215 millones al Instituto de Crédito Oficial (ICO).   Frente a esta deuda, Reyal Urbis tiene una de las mayores carteras de activos inmobiliarios del sector, cuyo valor era de 4.194 millones en junio de 2012, según valoraciones realizadas en dicha fecha por la sociedad de tasadores independientes Jones Lang.   El detonante de la petición del concurso, sin embargo, fue un embargo de 5 millones que le reclamaban a Reyal Urbis para pagar deudas derivadas de pleitos mientras la banca decía no a la última petición de la inmobiliaria. En ella, la inmobiliaria solicitaba 30 millones para hacer frente a sus compromisos con proveedores y abonar los intereses de la deuda contraída con la Agencia Tributaria.

Previamente, la inmobiliaria había puesto dos propuestas sobre la mesa para intentar superar sin éxito las reticencias de la banca. En la última de ellas, pedía liberar de garantías a un lote de activos valorados en 300 millones de euros para poder venderlas y obtener así la liquidez que necesitaba de forma inminente. En la segunda, había ofrecido una especie de dación en pago para canjear 2.300 millones en activos, entre ellos su proyecto estrella de Castellana 200, por deuda. Para ello crearían una filial encargada de poner en valor los inmuebles y suelo para venderlos o para que pasasen a ser propiedad de las entidades acreedoras.   Antes de confirmarse que pedía el concurso, la CNMV había suspendido su cotización en la Bolsa hasta nuevo aviso minutos antes de la apertura de las negociaciones. Los títulos de Reyal Urbis lideraron las pérdidas de la bolsa española durante prácticamente toda la sesión de este lunes, aunque al final de la jornada repuntaron un 7,8%, hasta anotarse la mayor subida. Las acciones de Reyal cerraron la sesión a 0,12 euros. Su crisis supone la caída del último de los supervivientes que alentó la burbuja.

La inmobiliaria, que da trabajo a 420 personas, confía en poder mantener su actividad   Pese a la relevancia que tiene la entrada de Reyal Urbis en concurso, esta era una posibilidad más que evidente ante los problemas que sufría la inmobiliaria para refinanciar su deuda desde que comenzó a negociar con sus acreedores a mediados de 2011. Al otro lado de la mesa la situación tampoco era muy boyante, con el sector financiero español medito de lleno en una seria reestructuración, escaldado de su inversión inmobiliaria y forzado a reducir el peso del ladrillo en sus balances.   Asimismo, Reyal Urbis arrastraba tensiones de tesorería y su situación financiera era de quiebra técnica. Los últimos resultados oficiales publicados del grupo que preside Santamaría, correspondientes al tercer trimestre de 2012, muestran unas pérdidas de 257 millones de euros y un desplome del 58% en su resultado de explotación.

“Hemos constatado la buena voluntad de todas las partes negociadoras, pero al final no ha sido posible llegar a un acuerdo. Presentamos el concurso voluntario para garantizar la continuidad de la empresa y preservar los intereses de los clientes, proveedores, acreedores, accionistas y empleados de la compañía”, destaca Santamaría, que controla el 70% de la empresa, en el comunicado. El texto también reconoce que el creciente deterioro del sector y la persistencia de la crisis han hecho más difícil llegar a un pacto. El próximo sábado 23 de febrero concluía el periodo de cuatro meses que la empresa se dio para lograr un acuerdo con los bancos cuando en octubre de 2012 decidió solicitar el preconcurso.

La compañía, que en el comunicado remitido a la CNMV asegura que continuará desarrollando su actividad, tiene una plantilla de 420 empleados, de los cuales 137 trabajan en la actividad inmobiliaria y 283 en la hotelera.

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